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Entrevista con Zacarías Martínez de la Riva, Premio Trayectoria Animac 2018

Barcelona, 1972

Este año, el Premio Trayectoria Animac 2018 va dedicado a un orfebre de la temática protagonista de la presente edición de la Mostra: el compositor musical Zacarías Martínez de la Riva.  Su ejemplar trayectoria rompe el mito de que toda carrera artística viene por vocación o es algo innato. En todo caso, es todo un ejemplo de que uno siempre puede forjarse un nuevo camino. Y es que, a diferencia de otros compositores, De la Riva iba para ingeniero de telecomunicaciones, pero las vueltas de la vida le llevaron a Boston, donde cursó un doble grado en Composición y Banda Sonora en el Berklee College of Music.

De la Riva siempre ha sentido una especial predilección por el cine de género y el medio animado. El año 2004 escribe la partitura del primer cortometraje de Tadeo Jones, dirigido por Enrique Gato y ganador del Goya. A partir de 2006, inicia una serie de fructíferas colaboraciones: con el productor Elías Querejeta para musicar sus documentales, y con los directores de género Carles Torrens, Manuel Carballo, y Gabe Ibáñez – con quienes seguirá trabajando codo con codo en múltiples proyectos.

Los largometrajes de animación Copito de Nieve (2001) y Un gallo con muchos huevos (2015) cuentan con sus composiciones, pero De la Riva es una pieza indispensable de la franquicia de Tadeo Jones, donde ha compuesto la banda sonora de sus dos largometrajes Las Aventuras de Tadeo Jones (2012), y Tadeo Jones 2: El Secreto del Rey Midas (2017), así como sus multipremiados cortometrajes.

Animac Magazine: Muchas gracias por estar aquí con nosotros.

Zacarías Martínez de la Riva: Encantado - muchas gracias a vosotros.

AM: Tenemos mucha curiosidad por tus orígenes. ¿De dónde nace tu pasión por la música? ¡Tu biografía destaca que ibas para ingeniero de caminos! ¿Fue un descubrimiento tardío o un deseo subterráneo?

ZMR: Sí que es un poco curioso, ¿no? Yo no me había tomado la música muy en serio hasta… cuando yo estudiaba Telecomunicaciones. Y en ese primer año, hubo una desgracia familiar – se murió mi hermana en un accidente de moto – y eso hizo que me replanteara mi vida. Es cierto que la música siempre me había acompañado desde pequeño: había tocado el piano, estudié algo de solfeo, compuse algunas piezas… fui bastante autodidacta. Pero siempre como un hobby: nunca me lo tomé muy en serio. Y en ese primer año de Telecos, me di cuenta que no me gustaba nada lo que estaba haciendo. Lo que me gustaba y me gusta de verdad es hacer música – ¡y me encanta el cine!

AM: ¿Qué te llevó hasta Boston a estudiar composición y banda sonora?

ZMR: Cuando dejé la carrera me fui al Taller de Músics en Barcelona, y ahí conocí a un profesor que había estudiado en el Berklee College of Music, en Boston, y me descubrió que había una carrera de música de cine. ¿Cómo era posible eso? Sí, ahí te enseñaban una serie de herramientas para componer música aplicada a la imagen. Y me fui. A los cuatro meses, ya estaba en Boston. No me admitieron porque no tenía ni armonía ni solfeo… ¡sabía muy poco! [risas] Fui pesado y al final conseguí que me admitieran.

AM: Y es muy curioso: Julie Reier, una de nuestras invitadas de esta edición de Animac, también estudió en Berklee en su modalidad online. Todo está conectado.

ZMR: Cuando yo fui a Berklee, las clases online no existían – ¡de hecho creo que ni usábamos internet todavía!

AM: Entonces, volviste a casa y empezaste a trabajar con muchos directores. De hecho, tu trabajo como compositor suele gravitar hacia el cine de género (y has trabajado con jóvenes directores muy interesantes como Carles Torrens o Gabe Ibáñez). ¿Sientes una predilección especial por éste u otro género? ¿Qué géneros te permiten ser más expresivo o juguetón?

ZMR: Mi trabajo en cine de terror fue casualidad. Cuando volví de Berklee, el primer contacto que tuve con la composición de bandas sonoras fue con unos cortometrajes que hice para un amigo mío, Ibón Cormenzana, y trabajé en su primera película, Jaizkibel (2000). Y luego participé en una película llamada La Monja (2005), de Filmax. Yo trabajé para Filmax haciendo parte de la música de una película de animación, El Cid (2003). Me di a conocer gracias a este largometraje y me ofrecieron otros proyectos de Filmax y su marca Fantastic Factory. Y el terror es un género que me encanta explorar precisamente por lo que decías, su expresividad. Te ofrece un campo para experimentar con sonoridades tímbricas, el reto de cómo generar una tensión de una forma distinta…

AM: Fue El Cid lo que te llevó al terror, y luego se cierra el círculo y vuelves al medio animado con Tadeo Jones. ¿Cómo surgió tu relación profesional con Enrique Gato y su explorador?

ZMR: El corto de Tadeo es una historia curiosa. Me llegó a través de otro compositor al que le ofrecieron el trabajo – Roque Baños – y que no podía hacerse cargo de la banda sonora. Y él mismo me recomendó. Los productores acudieron a mí y así empezó nuestra colaboración: compuse la banda sonora de los tres cortometrajes y las dos películas de la saga de Tadeo Jones. Y todo gracias a Roque.

AM: ¿Crees que la animación tiene el mismo potencial expresivo que el cine de terror? ¿Qué tiene de especial el medio animado para un compositor?

ZMR: A mi lo que me ofrece la animación – especialmente con películas como Tadeo – es el poder pasármelo bien haciendo música grande y orquestal, de aventuras, épica y dramática a la vez. Y en España no hay muchas películas que te puedan ofrecer ese tipo de retos. Mis referentes, desde pequeño, han sido precisamente ese tipo de bandas sonoras - como las de John Williams. La animación me ha concedido ese deseo.

AM: ¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Empiezas con un tema principal, partes de los personajes y creas leitmotifs, experimentas libremente…?

ZMR: Depende del proyecto, en cada película es distinto. Pero lo que sí suelo hacer casi siempre es ver la película primero, aunque no sea un montaje definitivo. No suelo leer el guion, porque a veces me lleva a crear una película en mi cabeza que no tiene mucho que ver con la película resultante. Es el montaje el que me inspira y con el que decido crear una serie de leitmotifs, motivos musicales que hago con el piano y que luego uso en la película. En Tadeo hay entre doce y quince leitmotifs: para Tadeo, para Sara, para Paititi, para el villano y sus secuaces… Son herramientas que yo uso para luego ir componiendo la banda sonora, y así voy construyendo el discurso musical.

AM: Eso es todo, ¡muchísimas gracias por tu tiempo!


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