Cat / Esp / Eng
Usted está aquí: Inicio Magazine La película del mañana

La película del mañana

Hace un año pasé la tarde de Diwali -la fiesta de las luces- en el Instituto Cervantes de Nueva Delhi preparando la presentación del cortometraje Ámár. La sala de proyección se encuentra a 200 metros de Baghat Singh Market, vecindario donde había crecido la persona que yo amé, y en cuyo recuerdo está basado el corto. Al salir de la proyección se había hecho de noche, la calle estaba cubierta por una neblina que olía a la pólvora de los fuegos artificiales y petardos con los que se celebra la fiesta. Entre el barullo y la niebla creí distinguir a Brahma, el dios creador, que a modo del Gran Elefante Erguido de Miquel Barceló se balanceaba sobre el tanque de agua que corona el número 37 de Baghat Singh Market. Brahma me indicaba el lugar donde convergían el principio y el final de esta historia, la casa de Ámár.

Hace un año pasé la tarde de Diwali -la fiesta de las luces- en el Instituto Cervantes de Nueva Delhi preparando la presentación del cortometraje Ámár. La sala de proyección se encuentra a 200 metros de Baghat Singh Market, vecindario donde había crecido la persona que yo amé, y en cuyo recuerdo está basado el corto. Al salir de la proyección se había hecho de noche, la calle estaba cubierta por una neblina que olía a la pólvora de los fuegos artificiales y petardos con los que se celebra la fiesta. Entre el barullo y la niebla creí distinguir a Brahma, el dios creador, que a modo del Gran Elefante Erguido de Miquel Barceló se balanceaba sobre el tanque de agua que corona el número 37 de Baghat Singh Market. Brahma me indicaba el lugar donde convergían el principio y el final de esta historia, la casa de Ámár.

Recorrí los pocos metros que separaban un lugar de otro y repetí lo mismo que había hecho seis años antes, durante mi primera visita a Nueva Delhi. Entré en el portal de Ámár y en los buzones de color turquesa busqué su nombre. Subí los tres pisos y me paré delante de su puerta, recuerdo la guirnalda de caléndulas y el cable de electricidad que asomaba por el agujero donde colgaba el interruptor. Llamé al timbre y me atreví a hacer lo que unos años antes no pude; esperar a que me abrieran.

“Déjalo ser, déjalo estar”, diría Jonas Mekas cuando le preguntaban sobre su trabajo ¿Dónde comienza y acaba la vida, dónde se encuentra la ficción? ¿Cuál es el procedimiento, orden que se ha de seguir para construir la obra?

 


En el estudio del artista siempre existe una puerta, un espejo que nos permite entrar y salir de la ficción a la realidad. El desarrollo de la idea ocurre con la naturalidad de cualquier proceso que esté expuesto a la madurez que otorga el paso del tiempo. En la fase inicial los recuerdos, y la impresión del presente salen despedidos en todas las direcciones. En este recorrido caótico e impredecible encuentran grietas y vericuetos por donde colarse  hasta dar con el elemento central, la emoción en torno a la cual construir una historia. Desarrollar una idea a partir de una experiencia personal confiere credibilidad a la historia, pues conocemos en detalle el gesto y las razones íntimas que dan coherencia a la narración. Lo más difícil es darse cuenta de dónde se esconde el corazón de la historia y tener el coraje o las ganas de contarla.

Dice Eric Patrick, autor de Abluction (2000) y Stark film (1994), entre otros, que la animación de autor es un género cercano al ritual, lo que al final vemos proyectado en la pantalla no es más que la esencia de ese tiempo transcurrido desde que comenzamos hasta que acabamos de pintar el primero y el último fotograma. Una máquina del tiempo que se alimenta tanto de la evocación del pasado como del instante en el que se lleva a cabo.

En este continuo juego de apropiación y transformación de realidad en ficción, de personal en universal, de tiempo pasado en presente trabaja la video-artista Sadie Benning.  Pionera en utilizar el video doméstico para hablar en primera persona y desde la intimidad de su espacio de género y sexualidad. En sus primeros trabajos, realizados dentro de las paredes de su habitación, la artista  utiliza  los objetos que tiene a mano para articular una narración en torno al miedo y la angustia que siente ante el acoso de sus compañeros de escuela. "El mundo al otro lado de la ventana de mi habitación es despiadado y está necesitado de afecto", dice en Girlpower (1992), el diálogo que la artista establece con la cámara ofrece la posibilidad de transformar el dolor del rechazo, en capacidad de exploración de uno mismo. Los  primeros planos muestran la geografía de una oreja, una boca, al mismo tiempo que cada pequeño músculo y poro que se activa con la mueca, nos sugiere los confines de una anatomía común. Sadie Benning provoca nuestra complicidad al mostrar sin tapujos, y como si de una autopsia se tratara, los accidentes de la naturaleza, la ambigüedad de género y las limitaciones a las que sujetamos nuestro sentido de la moral.

¿Cuánto pertenece a la experiencia personal, cuánto a aquello que escuchamos y vivimos a través de lo ajeno? Ni se sabe, ni realmente importa, al final nos apegamos a lo que nos gusta y lo hacemos propio. Tarde o temprano es compartido y forma un bien común. El objetivo: sentir que la continuidad de la experiencia que propone el autor en la obra ocurre fuera de la imagen proyectada, en la oscuridad de la sala, entre nosotros, el público.

Hace algunos años descubrí sobre la mesa de una galería una postal que anunciaba una exposición de Ana Mendieta. En ella se muestra el cuerpo de una mujer desnuda entre las rocas, parcialmente cubierta de margaritas y hierbas salvajes. Mi cuerpo como extensión de la naturaleza y la naturaleza una extensión de mi cuerpo”, decía la artista. En este caso el objeto artístico, su propio cuerpo, era el campo de batalla en el cual se reflejaba el dolor del desplazamiento y su condición de mujer.

Esa postal está entre las cosas que me acompañan en un proyecto que acabo de comenzar. También un libro de tapas rojas que lleva por título Sultanas Dream, una grabadora de sonido, una cámara, papel y tintas y muchas películas de las que aprender. No sé qué sobrevivirá de este collage ruidoso y desordenado que hoy sólo es intuición y deseo, pero pienso en las palabras de François Truffaut y sé que todo irá bien:  “La película del mañana la intuyo más personal incluso que una novela autobiográfica. Como una confesión o como un diario íntimo. Los jóvenes cineastas se expresarán en primera persona y nos contarán cuanto les ha pasado: podría ser la historia de su primer amor o del más reciente, su toma de postura política, una crónica de viaje, una enfermedad, un servicio militar, su boda, las pasadas vacaciones, y eso gustaría porque será algo verdadero y nuevo... La película del mañana será un acto de amor.”

Isabel Herguera


Facebook
Twitter
Instagram
YouTube
Vimeo
La Paeria - Ajuntament de Lleida

Suscríbete a la NEWSLETTER ANIMAC!

Contacta

info@animac.cat
Tel/Fax: +34 973 700 325